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19S: ¿Y después qué?

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Actualización: Mientras esperaba que me dieran retroalimentación de este texto, a las 13:09 del 19S 2022, tembló con una magnitud de 6.8 grados en la CDMX, ¿coincidencia? ¿Energía? A vivir de nuevo en estado de alerta.


Recuerdo el primer sismo que me dio miedo. En el que me di cuenta que no era cualquier cosa. Fue en marzo del 2012. Estaba en un supermercado cuando de pronto las lámparas empezaron a moverse muy fuerte. Yo estaba en la caja, a punto de pagar, y la persona que me ayudaba a empacar mi compra era una persona de la tercera edad. Empezó a llorar. Pensé en el ‘85 y en lo que seguramente vivió esa señora. 

A partir de ahí. Cualquier temblor –aunque sea mínimo, si lo siento, me pongo nerviosa.

***

Eran las 11 de la mañana del 19 de septiembre –19S– de 2017, y como todos los años anteriores hubo un simulacro. Normal. La oficina en donde trabajaba estaba en la calle de Prosperidad esquina Benjamín Franklin en la colonia Escandón. Bajé con el equipo cuando sonó la alarma sísmica, platicamos un poco sobre en qué punto nos veríamos si algún día sucediera algo –porque días antes había temblado en la noche.

Nos quedamos abajo por algunos minutos. El vecino se asomó a la ventana haciendo un gesto aludiendo a que perdíamos el tiempo con el simulacro. Subimos y volvimos a nuestras actividades normales. Tenía una junta a la 1 de la tarde en La Llorona, un bar sobre Av. Álvaro Obregón entre Sonora y Huichapan. Apenas me senté se comenzaron a mover los contenedores de mezcal.

–Está temblando.
Le dije a la RP.

–No, seguro pasó un camión.

Volteamos a la calle y no pasó ningún camión. ¡Estaba temblando! Corrimos a la entrada. Era tan fuerte el movimiento que no pudimos cruzar la calle. Una vez allí, tratamos de comunicarnos con nuestrxs seres queridxs. De repente, un estruendo. Volteamos y había una nube de polvo gigante. La gente comenzó a correr en esa dirección. En ese momento no pude reaccionar, no pasaba por mi cabeza que lo que se había caído era un edificio. Con todo el miedo que tenía dentro de mí caminé hacia la oficina, pasando por calles que olían a gas, personas llorando en las banquetas, preocupación. Caos. Desde donde yo lo viví, el mundo se había acabado.

Afortunadamente todo el equipo estaba bien (definiendo eso como que nadie estaba herido). El vecino que nos había visto con mala cara en el simulacro estaba muy asustado. Ahí la importancia de saber qué hacer en estos casos

Fui a casa y encendí la televisión en las noticias. Ahí me di cuenta de la magnitud de lo que estaba pasando. Sin pensarlo mucho me fui con mi hermano a ayudar a las calles.

Los días siguientes al 19S estuvieron llenos de buenas acciones. De amparo. Y sí, de resiliencia. De demostrar de lo que somos capaces si nos movemos en la misma dirección.

Nunca había visto a la gente tan unida, honestamente. 

No había luz en algunas calles, pero eso no impedía que estuviéramos ahí. Unidxs, Ayudando. Dando lo mejor de nosotrxs para ayudar a lxs demás. Incluso pensarlo me vuelve a erizar la piel. 

«¿Por qué tienen que pasar cosas como un temblor para voltearnos a ver y ayudarnos?»

Gente de las industrias creativas comenzó a colaborar para apoyarse mutuamente. El ejemplo más claro (y bonito) fue la comunidad restaurantera. Apoyaron con comidas durante los días más intensos de ayuda. Después, para re-activar las zonas se invitaban entre chefs para atraer a más personas y ayudar a quienes se habían quedado sin local. Se dieron la mano lxs unxs a lxs otrxs. 

Personas del diseño hicieron lo propio. Desde prendas, hasta sistemas para verificar la información que se estaba transmitiendo a través de redes sociales. Algunos arquitectos comenzaron brigadas para apoyar a las autoridades a certificar los daños de casas y edificios. Artistas generaron piezas cuyas ganancias se donaron. 

Hubo mucha bondad. (Claro que también existen quienes se aprovecharon de las tragedias, pero en este artículo nos centraremos en lo positivo).

Qué sueño que esas acciones –las positivas-, hubieran permeado hasta hoy; pero como siempre, nos olvidamos de quienes nos tienden la mano. Qué ganas de no ver a lxs demás como enemigxs o competencia e impulsarnos mutuamente para mejorar desde nuestras trincheras. 

Tampoco es como que todo haya desaparecido. Hay colaboraciones que siguen vigentes, hay plataformas que se fortalecieron y crecieron. Pero, en general, se nos olvidó lo que pasamos ese 19S.

«¿Por qué somos así? *Inserte meme de perrito* ¿Tiene que pasar otra desgracia para que nos unamos? ¿Y después qué?».

Platicando con muchas personas a quienes admiro, hemos llegado a la conclusión de que la congruencia es de los ejercicios más difíciles de la vida; y de hecho nadie es (somos) congruentes. Pero sé que hay gente que intenta ver el panorama de una manera más abierta y general; se cuestiona, está abiertx al diálogo. No olvida.

A lo que voy con todo este texto es a hacer auto-conciencia de cómo cada quién vivió aquel fatídico día. Qué aprendimos, qué olvidamos, qué seguimos haciendo, qué falta. «¿Es posible jalar todos para el mismo lado».


Autora: Abi Quesnel es comunicóloga y tiene más de 10 años de experiencia dentro de los medios digitales. A lo largo de su carrera se ha desarrollado en la parte de creación de contenido y marketing digital en diferentes medios.