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C2C : el ingrediente para un reciclaje infinito


La solución está en entender la importancia de producir cosas pensando que al nacer, puedan volver a nacer. Dejar atrás la mentalidad de producir, usar, desechar para cambiar a un sistema C2C.


Visto de lejos, el desafío que tenemos con la basura parece una terrible pesadilla inmanejable. Los ríos del planeta Tierra están contaminados con residuos tóxicos, una gran cantidad de plásticos y microplásticos invaden las playas, los océanos y las tierras, afectando los organismos de la flora y de la fauna. El aire de las grandes ciudades está repleto de partículas nocivas como gases de azufre y monóxido de carbono y la obsolescencia programada contribuye a agravar el panorama promoviendo el descarte prematuro de productos funcionales. 

El 50% de las prendas del Fast Fashion terminan como basura en menos de un año. En algunos países, la generación de residuos sólidos por persona alcanza 4,54 kilogramos por día. En el 2018, la cantidad total de plástico que produjimos fue equivalente al peso de todos los seres humanos que habitan en el planeta, y ese mismo año desechamos cuatro veces esa cantidad solamente en residuos orgánicos (Kaza, Et al. 2018). Eso fue en el transcurso de 365 días y sólo tomando en cuenta esos dos tipos de desechos. La basura alcanza un nuevo récord cada año y los esfuerzos del reciclaje no son suficientes ni están logrando un cambio en la mentalidad de los consumidores y de los productores. El reciclaje no fue diseñado pensando en los retos de la actualidad, ni en la Economía Circular. La dinámica bajo la cual funciona el sistema de consumo y producción actual está forzando que siga en marcha una economía que ha demostrado ser insostenible y estar sobregirada. 

Pero lo que de lejos parece una gran pesadilla fuera de control, de cerca podría representar la oportunidad para que miles de emprendimientos desarrollen sus modelos de negocio enfocándose en un gran desafío: los desechos, y en una solución: una Economía Circular y regenerativa que sirva tanto para comunicar la necesidad de un cambio en nuestras costumbres como consumidores, como para convertirse en un canal (por más cliché que suene) que permita el florecimiento de empresas con propósitos y metas realmente sostenibles que logren hacer circular de manera responsable todos los materiales que usamos: consumir y producir responsablemente. 

Imagen: Algramo es un emprendimiento nacido en Chile y cuyo fin es mercantilizar productos bajo un esquema de empaques retornables y algunos inteligentes. 

De la cuna a la cuna: Cradle to cradle 

Un ingrediente que nos hace falta para el diseño regenerativo es el Cradle to cradle o C2C: un juego de palabras que nació por una asociación con una famosa frase del mundo industrial y empresarial: “Cradle to grave” o “De la cuna a la tumba”.  El C2C se refiere entonces a la importancia de producir cosas pensando que al nacer, puedan volver a nacer. El término fue desarrollado por William McDonough y Michael Braungart y se trata de un enfoque regenerativo, de un tipo de diseño en el que los materiales utilizados para hacer un producto y todos los procesos en la cadena de producción están pensados tomando en cuenta el aprovechamiento de los recursos una vez terminados los ciclos de cada uno de esos productos. 

DesignTex, textiles compostables 

En 2002, McDonough Braungart Design Chemistry (MBDC) -institución creada por William McDonough y Michael Braungart para estudiar los componentes de los productos- analizó los materiales de los productos de Rohner Textil, una empresa que se dedica a hacer telas y proveer a otras marcas textiles. En su estudio, detectaron 16 componentes tóxicos que podrían ser reemplazados por nutrientes naturales, conservando las mismas propiedades del material original. El resultado de la intervención fue una tela completamente compostable, que no utiliza componentes tóxicos. 

Al realizar este cambio los costos de la empresa se redujeron ya que no era necesario pagar el envío de los materiales tóxicos para su tratamiento en los incineradores regulados de España o de Suiza. Rohner Textil convirtió un producto que tenía componentes tóxicos y cuya vida útil era limitada, en un producto libre de químicos y 100% compostable. Este es un perfecto ejemplo de un producto pensado y diseñado con el método C2C. 

Por otro lado, un informe reveló que el agua tratada que salía de la empresa era más limpia que el agua que entraba en el ciclo. ¡Magia! 

En la actualidad, no basta con que le dejemos la tarea de reciclar a las empresas recicladoras. El mayor impacto ambiental de los productos se gesta en la fase de diseño, en el instante en donde se está ideando lo que va a salir al mercado, es ahí, que los productos generan potencialmente el 80% de su impacto ambiental. 

Imagen: Fairphone, un teléfono ideado para combatir la obsolescencia programada a través de sus altos parámetros de reemplazabilidad 

Diseñar con un enfoque regenerativo, haciendo uso de los principios del C2C hace que paralelamente hagamos una inmersión en el mundo del ecodiseño, de la ecointeligencia, de la ecoeficiencia y de la biomimética. Hacen falta regulaciones, incentivos y desincentivos que permitan que el ecosistema empresarial pueda transitar de un modelo económico lineal a uno circular, pero desde ya, el papel de los diseñadores en la construcción y en la ideación de productos es crucial para lograr un mundo más sustentable. 

   La naturaleza siempre nos da los mejores ejemplos: 
cuando un árbol se cae,
llegan insectos y se comen los tejidos, 
luego llegan bacterias y se comen los azúcares
y al final, cuando ya nadie más puede aprovecharlo, 
llegan los hongos marrones y se comen la madera (el cartón) 
y las hojas se convierten en abono para el suelo. 

Juan Carlos Trejos Espeleta Biólogo, Universidad de Costa Rica 


Extracto del libro “La Basura No Existe”, que el autor, Christopher Brosse lanzará en los próximos días. 

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