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Ecofeminismo: unión de movimientos para salvar el planeta

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Las mujeres han sido parte de todas las luchas políticas, pero poco han sido mencionadas a través de la historia. Desde hace tiempo, observamos su participación constante en el movimiento ecologista, defendiendo sin cesar al medio ambiente. Para las mujeres, agregar una perspectiva de género a las soluciones medioambientales es una parte clave en su desarrollo. ¿Por qué las mujeres han estado tan de cerca en la lucha ecologista y sus propuestas? ¿Existe alguna conexión entre las mujeres y la naturaleza? Para poder comprender, sería útil adentrarse a conocer el movimiento llamado “ecofeminismo”. 

¿Qué es el ecofeminismo?

El término “ecofeminismo” viene de una conexión directa entre feminismo y ecologismo. Ambos movimientos político-activistas exploran las conexiones entre las opresiones y explotaciones injustificadas de las mujeres y la naturaleza. También critican el pensamiento canónico filosófico sesgado por los hombres y crean alternativas incluyentes e interseccionales (con enfoque de clase, género, etnia, orientación sexual, etc). 

¿Desde cuándo existe?

En la década de los sesenta las mujeres comenzaban a formar parte de los movimientos ecologistas (energía nuclear, revolución verde, expansión demográfica, industrialización, etc); y también de los movimientos feministas (control de sus cuerpos, reproductividad, división de trabajo, etc). 

Para darles una fecha más precisa, se puede decir que el término de esta posición política fue acuñado por la francesa Françoise d’Eaubonne en 1974; aunque fue hasta los años ochenta que el ecofeminismo se planteó como una posición filosófica gracias a la popularidad del movimiento y sus múltiples críticas alrededor del mundo. Por mencionar algunas tenemos a Val Plumwood, Ariel Salleh, Vandana Shiva, Maria Mies, Chris Cuomo, Mary Robinson, Alicia Puleo, etc. Desde los años 2000, se agregan a este movimiento corrientes como: ecofeminismo queer, animalista/vegano/anti especista, feminismo comunitario en Guatemala, etc 

Durante los inicios del movimiento, a algunas ecofeministas se les señalaba de “esencialistas”, esta corriente situaba a las mujeres “biológicamente” más próximas a la naturaleza, por ende, destinadas a solucionar problemas medioambientales desde nacimiento. Sin embargo, en la actualidad se nos enseña que no hay una fuerza femenina que se sitúe en la naturaleza, sino que debido a la opresión que han sufrido las mujeres y la comunidad lgbtq, estos grupos ocupan espacios cercanos a la destrucción ecológica. 

¿Qué propone?

Existen muchas corrientes y pensadoras con diferentes puntos de vista, a continuación, se mencionan simplemente algunos puntos en común que son la base del movimiento. 

El ecofeminismo nos señala la existencia de una sociedad “opresiva patriarcal”, la cual justifica las prácticas de subordinación de la mujer y la naturaleza, por el hombre. El hombre ha utilizado como recurso a la naturaleza y ha dejado a la mujer fuera de la esfera pública (toma de decisiones sociales) y dentro de los hogares. Las desigualdades económicas entre hombres y mujeres (+lgbtq) se manifiestan no sólo en términos de salarios ganados, sino también en términos de bienes que se poseen. Por ejemplo, en casi todos los países de ingresos bajos es más probable que los hombres sean propietarios de tierras, a diferencia de las mujeres que poseen menor cantidad o nula.

La desigualdad en la repartición de tierras es un claro ejemplo de la inequidad que existe históricamente entre sexos.

El movimiento nos propone eliminar los dualismos/opuestos (arriba/abajo, mayor/menor) que le dan menos valor a la naturaleza y a las mujeres, por ejemplo, el de cultura-tradición sobre naturaleza, el de hombres sobre mujeres, o el de la razón sobre empatía-cuidado. El pensamiento occidental (la colonización) nos ha dado el fuerte dualismo de humano/naturaleza que es parte del conjunto de dualismos interrelacionados de mente/cuerpo, razón/naturaleza, razón/emoción, masculino/femenino y tiene importantes características interconectadas con estos otros dualismos. 

Esta corriente nos permite reconocer que los humanos somos seres relacionales, sociales, históricos y ecológicos; y nuestra relación con los demás (incluyendo con la naturaleza), importa moralmente. Esta postura política es inclusiva e interseccional ya que promueve un discurso ético formado por diversas narrativas históricas, culturales y de clases sociales. Aclara que la mente racional no puede funcionar sin inteligencia emocional, la vida está determinada por ambas. Es por eso que la habilidad para empatizar con el prójimo es necesaria para todo razonamiento ético; no llegar a preocuparse por los demás es un fallo moral. 

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Como humanos debemos actuar en maneras que nutran y mejoren la salud de los individuos, de las especies y comunidades (incluyendo las comunidades ecológicas). Para empezar, es fundamental reconocer el papel de las mujeres (+lgbtq) en la conservación del medio ambiente; no existe sociedad que progrese si se subvalora a la mujer y a la naturaleza.

Como dice la ecofeminista activista y física Vandana Shiva “Lo que hacemos al suelo, lo hacemos a nosotros mismos.”; refiriéndose a esa conexión y responsabilidad que tenemos como seres humanos con la naturaleza. 

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