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Mujeres jornaleras: mujeres que resisten y sostienen los campos

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El cambio climático ya nos alcanzó; negarlo hablaría mucho más de nuestra despreocupación por el mundo y quienes aquí vivimos, que del fenómeno como tal. Sus consecuencias nos atraviesan a todas las personas y seres vivos. Sin embargo, las afectaciones no son parejas para todas las personas.  Los cambios a largo plazo de las temperaturas y los patrones climáticos, provocados principalmente por las emisiones de gases de efecto invernadero debido a la quema de combustibles fósiles, todos los días genera consecuencias diferenciadas a partir de dónde vivimos y cómo lo hacemos, nuestros usos y costumbres, y por supuesto por el género. Las mujeres son las mayores afectadas por la emergencia climática.

Esto debido a que tradicionalmente se les ha asignado el trabajo de cuidar al hogar, la familia y a la comunidad misma. Lo anterior implica el uso de recursos como el agua, el alimento, los recursos madereros, etc. No es coincidencia que el 80% de las personas desplazadas por los desastres relacionados con el clima son mujeres. 

Pero incluso en ese espectro donde las mujeres son las principales víctimas humanas del cambio climático, podemos encontrar una diversidad de desigualdades profundas. “Me gusta salir a trabajar, me gusta el campo pero yo quisiera que fuera un trabajo más digno. Que nos tuvieran en un lugar mas apropiado para mujeres”, dice Maribel Apreza, mientras platica sobre las condiciones que tienen las jornaleras agrícolas. Maribel vive en un cuarto de albergue de Jalisco con su esposo y sus 4 hijos, y como millones de mujeres en México tiene doble jornada; cuando no hay trabajo agrícola, deben ir al a cortar la caña y también atender a la familia (a veces cuidando a sus hijos e hijas en el campo mismo). Las jornaleras agrícolas no descansan.

Los campos y las mujeres han sido vinculadas históricamente, en las corrientes eco-feministas, como actores que sostienen la vida; a través de la producción de los alimentos, la conservación de la naturaleza, la organización comunitaria y el cuidado intergeneracional. Asimismo, ambas son objetos de explotación del sistema y de las afectaciones por el cambio climático.

Particularmente, las mujeres jornaleras y su labor en la producción, no sólo son afectadas por los cambios en los ecosistemas sino que también son el primer frente de resistencia y acción ante la emergencia. Durante la actual pandemia originada por el COVID 19, ninguno de los dos paró: ni las mujeres ni los campos dejaron de producir. Es por las jornaleras agrícolas que la crisis originada por el COVID 19 no se convirtió en una crisis alimentaria también; las consecuencias podrían haber sido aún más desastrosas.

Las mujeres jornaleras representan un 12.50% mujeres de la mano de obra en los campos, quienes son clave de la seguridad alimentaria ( generando el 50% de la producción de alimentos en México), transfieren conocimientos, preservan la naturaleza y sostienen las comunidades, pero lo hacen condiciones precarias como jornadas de trabajo extensas, sin contratos ni salarios dignos, sin acceso a servicios de salud, hasta 4 jornadas de trabajo, y expuestas a violencia por razón de género, discriminación y trata de personas.

Las jornaleras en su mayoría indígenas y migrantes, suelen enfrentar formas distintas y sucesivas de discriminación histórica que se combinan y se superponen, exponiéndolas a violaciones de derechos humanos en todos los aspectos de su vida cotidiana. Aún así en estás condiciones, siguen trabajando los campos y asegurando los alimentos para quienes vivimos en las ciudades y somos la principal demanda.

Reconocer las condiciones no implica asumir que existe sólo una lectura negativa de lo que está pasamos a nuestro alrededor. En realidad, existe una gran lista de comunidades que han desarrollado respuestas organizadas, creativas y de base comunitaria para autogestionarse. 

Se han organizado redes de mujeres que acompañan a otras mujeres en contextos de violencia y vulnerabilidad, esquemas de redistribución de las labores de cuidados entre las distintas integrantes de la comunidad (reconociendo el derecho a cuidar y a ser cuidado), se han desarrollo de proyectos productivos organizados y se han consolidado redes de promotoras de derechos humanos al interior de las comunidades que ha permitido una auténtica transformación colectiva y resiliente. 

A pesar del papel fundamental de las mujeres en la producción del campo, siguen siendo sistemáticamente invisibilizadas por las decisiones públicas, por las empresas y por supuesto, por las comunidades y todas nosotras. Este es un call to action que podría apoyar el ejercicio de los derechos de las jornaleras agrícolas:

  • Hablemos de ellas; informémonos sobre los desafíos del campo y quienes lo trabajan. Nombrarlas es el primer paso para explorar las múltiples formas de participar en la creación de soluciones. 
  • Consume productos que puedan confirmar un trato justo y digno para sus empleadas. Podrás encontrar mucha información de las prácticas de las empresas con un par de clics en Google. 
  • Aunque es una opción más limitada, consume productos de productoras y productores locales. La probabilidad de que el ingreso sea directo para quien trabaja en el campo, es mucho más alta con esta producción. 
  • Apoya con donativos y comparte contenido de organizaciones que acompañan a estas mujeres y sus procesos. Por ejemplo: EDUCAMPO, Save the Children AC,  Red de Jornaleros y Jornaleras Agrícola.

Detrás de cada producto que llega a nuestra mesa, habrá una historia que contar, especialmente historias de mujeres y de resistencia. Como dice Maribel, “han habido generaciones, años atrás de mucho maltrato donde nos dijeron que no podíamos hablar y no conocíamos nada de esto. Ahora se nos van abriendo más los ojos.” 

Texto en colaboración con Sarahí Castro, Jefa de Cooperación Internacional de la Secretaría de Igualdad de Jalisco. Fotos por Grisel Pajarito de jornaleras agrícolas en Jalisco