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Que la paz esté con nosotras… y en nuestro espíritu

Cada 21 de septiembre se conmemora el Día Mundial de la Paz, declarado desde 1981 por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como un día para reforzar nuestros ideales de paz; para el cese al fuego y la erradicación del conflicto. También es un Día en el que los gobiernos reafirman su compromiso con el Objetivo de Desarrollo Sostenible 16 “Paz, Justicia e Instituciones Sólidas” a favor de sociedades pacíficas e inclusivas que fomenten un desarrollo sostenible a la vez que facilitan el acceso de todas las personas a la justicia y crean instituciones efectivas. 

Posiblemente la mayoría de nosotras ha convivido poco con este concepto de paz; tal vez nos recuerda a los grandes conflictos armados del mundo, a las películas sobre Hitler en las que Estados Unidos de América salva el día, a la icónica escena de Sandra Bullock robándose la Corona y ganándose el título de “Miss Simpatía”, o al maestro de cívica y ética que amaba recitar “el respeto al derecho ajeno es la paz”.

Aunque interpretaciones de “paz” hay muchas; lo que sí sabemos con certeza es que la paz mundial no es sólo la ausencia de conflicto armado o discusiones acaloradas. Sino lo que sucede cuando hay justicia social y todas las personas podemos ejercer nuestros derechos con plenitud. Es decir, la paz mundial no es un tema sólo de las misses, de la ONU y de grandes pensadores, es un tema de todas las personas y de todos los días.  La paz no es un sustantivo, la paz es un verbo;  es algo que se acciona y construye. 

Esto podría parecer ilógico frente a los desplazamientos forzados en Afganistán o los crecientes feminicidios en nuestro país. Si eres un poquito como yo, sin duda lo que sucede todos los días te parece abrumador y un camino sin fin; y parece que lo que yo haga no desafía los grandes sistemas de conflicto. Lo que he aprendido en mis años como promotor de derechos humanos y conviviendo con la violencia y la desigualdad de muy cerca, es que hay muchas formas para construir la paz. Pero una de la más importante es construir las micro “paces” en nuestros hábitos y relaciones. 

Claro es que no podríamos esperar que todas las personas nos convirtamos en íconos de la cultura de paz; lo que sí podemos hacer es propiciar pequeños entornos de paz, comenzando con nosotras mismas y nuestras amigas. Te comparto algunas recomendaciones de cosas que podemos hacer para construir paz todos los días, y las voy a enlistar como música regional mexicana porque es septiembre y se antoja:

“Vete Ya”

Esta vez no estoy hablando de tu ex (aunque sí está bien que lo dejes ir si te roba la paz), pero de permitirle a tu mente ser paciente con ella misma y entender que no podemos con todos los temas ni todos los tiempos. El primer paso para convertirme en agente de paz será entender qué es lo que a mí me la quita, escuchar mis emociones y necesidades, y aprender a canalizarlas.  

“Háblame de ti”, por favor

Vamos a enlistar las cosas que te motivan y las que te agobian, las que te dan paz y las que te hacen sentir bonito. Con esta lista podrás identificar cuáles son tus espacios de paz y quién los motiva. Si ya tienes esto muy claro, la segunda lista podrá ser sobre las cosas del mundo que crees que requieren un ajuste y las que te hacen creer de nuevo en él. 

“Acércate más” a lo que te importa

La ventaja de vivir en el siglo de la información y la tecnología es la inmensa oportunidad y facilidad que tenemos para aprender por nuestra cuenta y en red. Recuerda que aparte de preguntar, es importante poder investigar para construir tu criterio sobre los temas que pusiste en tu lista. Muchas de las cosas que seguramente pusiste que te abruman del mundo; suceden en pequeñas dosis en tu día a día, y desde ahí las vamos a vencer. Necesitamos estudiar las desigualdades y vulnerabilidades que existen, para poder erradicarlas. 

“La media vuelta” se van a dar las formas violentas de relacionarnos con otras personas.

Una vez que entendamos el origen de los conflictos en el mundo, comenzaremos a cuestionar cuánta presencia tienen en nuestra cotidianidad. Una vez ahí aprenderemos a cortarlos cuando se presenten; dejaremos de glorificar el conflicto como una forma de poder y como la única vía para encontrar soluciones. De paso aprenderemos a cuestionar roles y estereotipos de género, la forma en que consumimos, cómo nos alimentamos, discursos de odio, y muchas cosas más. 

“Pa’ todo el año” y pa’ toda la vida.

La construcción de paz no es una actividad a la que le dedicamos un pedacito de nuestro día, sino una inspiración para las cosas que ya hacemos. No necesitas renunciar a todo para resignificar tu vida de paz; puedes seguir adelante con trabajo, tus estudios, tus hobbies, y todo lo que haces. Pero ahora pensando en cómo la forma en la que hablo, reacciono o actúo ayuda o no a construir relaciones pacíficas. 

Y “que te vaya bonito” en esta nueva misión pacificadora. Recuerda que somos muchas personas que todos los días en pequeñas, medianas y grandes dosis nos estamos acompañando para construir paz. Bienvenida.

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