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Siembra de agua

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Esperanza, confianza y perseverancia son solo algunas de las cualidades que debe poseer un agricultor para poder cosechar lo que ha sembrado. Cualidades que debemos aprender todxs aquellxs que somos impacientes, ansiosxs. A no gritarnos frente al espejo esperando ver los resultados de algo que apenas sembramos; y a recordar que muchas veces sólo tenemos que fluir como el agua.

El agua, nuestro ejemplo más inmediato de vitalidad, nos sigue enseñando cómo es que sin ella no hay cosecha exitosa, no hay vida.

Al mismo tiempo el calendario marca el Día de la Lucha Mundial Contra la Desertificación -17 de junio- buscando promover un cambio en el uso de la tierra, uno que apueste por una agricultura más sostenible, por ejemplo.

Lamentablemente seguimos sobreexplotando nuestros recursos naturales y vivimos las áridas consecuencias.

“Anormalmente seco” son las palabras que describen hoy día a distintas partes del territorio mexicano; al 85% del territorio. Nuestro país enfrenta condiciones de sequía, una de las más intensas y generalizadas en las últimas décadas.

La presa Villa Victoria, uno de los principales suministros de la Ciudad de México; está a aproximadamente a un tercio de su capacidad normal. Esto en conjunto con aproximadamente 60 presas más que están por debajo del 25%.

Esto sólo significa que se agotan los recursos hídricos para beber, cultivar y regar, dejando también a algunos sin agua corriente.

Al momento en que observo, digiero y redacto estos datos no puedo evitar pensar que todo problema supone una serie de acciones que nos lleven a encontrar una solución…

¿Qué pensarías si sembrar agua fuera la opción?

El concepto “siembra de agua” se centra en la recarga hídrica del suelo, subsuelo y/o acuíferos.

Con este tipo de práctica se busca estimular la incorporación del agua de lluvia por medio de la captación e infiltración de este transparente y vital líquido.

La siembra de agua logra representar en gran medida los principios de la agricultura; intentos incansables de supervivencia del hombre al querer modificar el medio ambiente que lo rodea con el único objetivo de transformarlo en uno que sea apto.

Y al igual que existen distintas formas de practicar la agricultura; existen distintas formas en las que se puede “sembrar agua”.

Zanjas de infiltración

Las zanjas de infiltración son estructuras hechas por el sapiens que sirven para atrapar escurrimiento superficial en periodos de lluvias intensas, y por lo general esta técnica se utiliza en zonas de ladera, facilitando la retención del agua favoreciendo su infiltración en el terreno, manteniendo la humedad de pastos y plantaciones forestales, principalmente.

Qochas de infiltración

Esta técnica de “siembra de agua de lluvia” está destinada a la recarga de los acuíferos.

Las Qochas son pequeños reservorios o lagunas artificiales destinadas a capturar, retener e infiltrar el agua de lluvia; así como también la escorrentía (corriente de agua de lluvia que circula sobre la superficie de la tierra)

Sin este tipo de siembra, es más fácil que el agua discurra por la superficie del suelo sin ser aprovechada y, en algunos casos; se generan problemas de erosión e inundación.

Amunas

Una práctica ancestral que dio inicio con la cultura Inca del siglo XIV. Son obras rusticas que sirven para captar o “sembrar” las aguas de escurrimiento de las lluvias en las alturas.

Sus beneficios son reconocidos, ya que sin ella la agricultura con riego no sería posible en estas zonas altas donde predomina el suelo rocoso.

La característica principal de esta técnica es que el mismo entorno favorece su existencia, puesto son construidos con piedra impermeable y canales de infiltración permeables que permiten que el agua se filtre en el subsuelo permitiendo que se coseche agua en tiempos de sequía.

En la actualidad la “siembra agua” con Amunas ha permitido la recuperación de 4.9 millones de 𝑚3 al año en las cuencas de los ríos Rímac y Lurín en Perú.

Reforestación

La reforestación representa otra manera de proteger el suelo del impacto de las lluvias y mejorar la infiltración del agua.

Funciona de tal manera en la que tanto el tronco como las raíces de los árboles, actúan como retenedores que reducen la velocidad del agua que corre permitiendo que la estructura del suelo se rompa y queden aberturas para su posterior siembra/infiltración, incrementando la recarga de los acuíferos.

Este método de siembra además de proveer los servicios ambientales que ya conocemos, contribuye a la recuperación de los suelos disminuyendo el potencial de erosión hídrica.

Para que esta técnica de sembrado tenga éxito, se recomienda realizar plantaciones en las zonas más degradadas del área con especies nativas como (queuña, aliso, chachacomo, sauco, arrayán, entre otros).