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Vibra del mes: septiembre de acción

Nunca nos vamos a cansar de decirlo: una acción pequeña es mejor que no accionar. Recuerdo cuando comencé a entender sobre mi impacto ambiental y cómo prácticamente todo lo que hago tiene una consecuencia en el mundo. No necesito mencionar que fui víctima de la eco ansiedad y cuestionaba y media cada paso que daba. 

En una plática con Paola Barranco de Zamá, le comenté sobre esta lucha que tenía y la ansiedad que estaba provocando en mí. Un ejemplo que puse fue el estrés hídrico: leer sobre las sequías y el acceso al agua en cinco años me volvía loco. Así que ya no me bañaba todos los días y lo hacía en menos de 5 minutos. Lavaba de vez en cuando la ropa, cuando ya lo sentía necesario y usaba poca agua para lavar los trastes.  

Esas acciones que para mí significaron un cambio de rutina no significaron nada cuando visité la presa de Valle de Bravo. Me impactó ver el nivel de agua y mientras tomaba una cerveza pensé en que mi consumo de vino y cerveza es también parte del problema. El acompañar mis alimentos de medio día con alguna de estas bebidas es habitual. Por lo tanto, a pesar de todos los esfuerzos que había hecho me di cuenta que continuaba aportando al estrés hídrico. 

Paola me tranquilizó y me dijo que si quiero ganar todas mis batallas, voy a perder la guerra. Ya estaba accionando en pro de un tema que a mí me angustiaba, y siempre habría una acción más que hacer. Pero esto no debía estresarme, al contrario, si me proponía ganar batalla por batalla, una acción a la vez; iba a aportar más a la guerra contra el cambio climático que si me angustiaba y dejaba de realizar cualquier tipo de acción. 

El sistema en el que vivimos nos hace creer que como individuos, nuestras acciones no significan nada. Creemos que somos tan minúsculos en un enorme Planeta que lo que hacemos en nuestro día a día no tiene importancia. Bueno, déjame decirte que sí la tiene. Ese árbol que plantaste hoy mañana será un gran cobijo. Esa botella que decidiste dejar de comprar hoy, mañana representará miles. 

Tu acción no se reduce en la acción, también se convierte en un ejemplo; y ese ejemplo puede inspirar a más y más personas. Tal vez tú, enseñaste a tus amigos y familiares que conviene más comprar tal producto o marca por sus acciones en materia de sustentabilidad. Tarde o temprano ese será un fuerte y claro mensaje para que los productores se preocupen por el tema. 

La próxima vez que dudes si tu acción individual está haciendo una diferencia; detente un momento, respira y reconoce todo aquello que has logrado. Reconoce tu labor y ve todas esas acciones que ahora son hábitos. En la guerra contra el cambio climático, ningún paso es pequeño.

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